lunes, 12 de octubre de 2009

#2: Meet my best friends.

Tan pronto llegamos a mi casa, me encamine para la casa de mi amiga que quedaba a solo unas cuadras de la mía.
-¿A dónde crees que vas?-pregunto mi madre deteniéndome.
-No estoy castigada-le dije en tono enojado, que era el tono que mas usaba con ella, mi respuesta la dejó callada y camine hacia la casa de mi amiga. Cansada ya, saque de mi bolsillo un cigarrillo a medio fumar, lo prendí con el encendedor que siempre llevaba en mi otro bolsillo. Fumar era una de las malas decisiones que había tomado. Esta comprobado que de nada sirve fumar. Pero aún así, la nicotina abrazando mis pulmones era reconfortante.
-Hola, hola-me saludó JD al verme pasar por la ventana de la casa de Michie.
-Hola...-le salude y boté la colilla de mi cigarrillo-¿Qué es ese olor?-pregunte sospechosa-¿Qué están fumando?-le dije divertida.
-…Nada-me repuso JD volcando los ojos haciéndose al tonto.
-Huele a mariguana-dije en broma.
-Sabes que lo es-Rió Michelle del otro lado rodeada de humo.
-Mi mamá quiere mandarme a una especie de campamento militar-le dije lamentándome al tiempo que tomaba su cigarrito e inspiraba un poco.
-¡Que tonta!-grito exaltada por el humo.
-Un poco, pero ¿Qué esperabas?-me recordó JD-ella es así y siempre lo va a hacer. Ahora lo que tenes que hacer...-tosió y reí.
-¿Qué tengo que hacer?
-Disfrutarlo… Es la única forma en la que realmente harías que se arrepintiese.
-¿Podemos ir afuera? Esto se está poniendo molesto-propuso Michie y caminamos hasta su patio delantero nos tiramos en el pasto y mirando al cielo nos pasábamos el cigarrito riéndonos de algo que no recuerdo. Después de un momento, una luz nos ilumino y nos sentamos para ver el auto de mi mamá iluminando nuestras caras drogadas.
-Mierda, mi mamá-dije botando lo que quedaba y parándome tratando de lucir normal-¡Ya voy a casa!-le grite demasiado fuerte. Ella me miro con los ojos en fuego y se fue-Ahora sí estoy condenada-suspire pesado esperando lo peor.
Llegué a mi casa a hurtadillas y subí las gradas, desapercibida. Llegue a tropezones a mi cuarto y caí dormida. Fui despertada con el olor del desayuno que solo Frank sabía preparar y mi favorito, waffles. Baje ya cambiada y bien bañada a unirme al desayuno.
-Buenos días, Sum, aquí están tus waffles-Frank me sirvió en un plato.
-Gracias-le dije con sueño y un poco de jaqueca.
-Hey, Frank, ¿Sabes a donde vamos a ir este verano?-entró Max diciendo y Frank le miro feo-Al Caribe, lalala-me presumió en el rostro.
-¡Odio los campamentos!-masculle.
-Pero es lo que te ganas-dijo mi madre entrando a la habitación.
-¿Lo que me gano?-pregunte confundida-Me esfuerzo todo el año, tengo buenas notas siempre, no te causo problemas, ¿y eso es lo que me gano?
-¿Notas? ¿Qué tiene que ver eso?-digo enojada-Vos estas yendo ahí porque no eres mas que una indisciplinada, no obedeces ni una de mis reglas.
-¡¿Cómo qué?!-le grite sabiendo la respuesta, enojada me tiro una de mis cajetillas que apuesto se encontraba en uno de los bolsillos de algún jean mío. Agarre la cajetilla y me salí de la cocina sin antes recibir el último grito de amenaza de mi madre.
-¡Empaca, porque te vas en media hora!-Subí a mi cuarto y no pasaron mas de cinco minutos antes de que Frank tocara mi puerta.
-Aah-le repuse cansada y él entro.
-…No es tan malo como parece… Ya sabes, el campamento al que vas a ir-me consolaba mi hermano tratando de que mi cólera se esfumara-...Anoche lo busque en internet-Me comento.
-Lleno de niños tontos-repuse enojadísima y él ya no supo que responder-No quiero pasar otro verano lejos de aquí, de mis amigos…-La verdad es que cada vez que me mandaban a un lugar nuevo la pasaba totalmente mal, y mi escapatoria siempre era Frank. Era tan bueno tener un hermano como él-De vos-termine con las mejillas todas coloradas y él sonrió.
-Te voy a extrañar-me confesó apoyando su cabeza sobre la mía, mientras yo le abrazaba con fuerza.
-Mas te vale-reímos, y después me ayudo a terminar de empacar mis cosas. Me iba en menos de veinte minutos y mi mamá ya había pedido el taxi para deshacerse de mí por cuatro semanas enteras.

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